Conceptos Básicos de un Marco Teórico 2

 

 

 

Conceptos Básicos de un Marco Teorico - 2

EL MARCO TEÓRICO

1. Concepto

Hemos precisado ya que ningún hecho o fenómeno de la realidad pueden abordarse sin una adecuada conceptualización; es evidente que dicha tarea sólo puede ir desenvolviéndose a medida que penetramos en la naturaleza del propio objeto estudiado, pero también resulta obvio que, ante cada problema de investigación, ya se poseen algunos referentes teóricos y conceptuales, algunas ideas e informaciones, por más que éstas tengan todavía una índole difusa y asistemática. También hemos afirmado que en el planeamiento de una investigación es de suma importancia adquirir una clara noción de aquello que se va a investigar, establecer sus objetivos internos y externos, y definir lo más posible el campo sobre donde habrá de desarrollarse nuestro trabajo.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, y recordando el esencial carácter teórico práctico del proceso de conocimiento, es que podrá juzgarse entonces la importancia de abordar el trabajo de investigación teniendo como punto de partida una sólida perspectiva teórica. El “marco teórico”, también llamado marco referencial (y a veces, aunque con un sentido más restringido, denominado asimismo marco conceptual) tiene por propósito precisamente eso: dar a la investigación un sistema coordinado y coherente de conceptos y proposiciones que permiten abordar el problema. Es decir, se trata de integrar al problema dentro de un ámbito donde éste cobre sentido; así, si nos preocupa conocer las causas de la llamada delincuencia juvenil, habrá que distinguir diversos planos de aproximación: el dado por el nivel puramente psicológico, el psico-social, el económico, el legal, etc. Será necesario también, esbozar la concepción que tenemos de la sociedad y del fenómeno en estudio; será muy diferente partir de apreciar en este hecho una conducta disfuncional, por ejemplo, que afecta a individuos impropiamente integrados a sus grupos de referencia o, por el contrario, ver en el problema una expresión más del carácter represivo del derecho, que afecta a quienes más la sociedad les niega la posibilidad de resolver sus necesidades, precisamente por su carácter clasista y opresivo. No quiere decir esto que debamos optar obligadamente por alguna de las dos aproximaciones del ejemplo, pues son incontables los marcos teóricos que podrían elaborarse para el problema. Sólo queremos mostrar aquí lo importante que resulta para orientar todo el trabajo, la posición y la conceptualización general que se asuman, pues de éstas dependerán los frutos del mismo. De allí que explicitar lo anterior significa poner en claro para el propio investigador sus postulados y supuestos y repercute en forma favorable sobre la coherencia del trabajo.

El cometido que cumple el marco teórico es, pues, el de situar a nuestro problema dentro de un conjunto de conocimientos –los más sólidos posibles–, de tal modo que permitan orientar nuestra búsqueda y nos ofrezcan una conceptualización adecuada de los términos que utilizamos. Por esta razón, el punto de partida para construir un marco de referencia lo constituye nuestro conocimiento previo de los fenómenos que abordamos, así como las enseñanzas que extraigamos de todo el trabajo de revisión bibliográfica.

Puede suceder que el marco teórico de un trabajo no aparezca en forma explícita en el mismo, aunque es normal que toda investigación de cierto nivel plantee estas referencias teóricas en sus capítulos iniciales. Cuando no se las formulan es porque estamos aludiendo a un sistema referencia lo suficientemente conocido como para que el mismo no requiera de una exposición detallada, ya que se puede suponer, razonablemente, que los lectores lo conocen suficientemente. Este es el caso de teorías como las de la composición atómica, de principios generales de la genética, etc., ampliamente difundidas y comprobadas, y también el de todos aquellos estudios que aceptan una ideología o corriente de pensamiento de por sí definida, como el psicoanálisis, el estructuralismo, el funcionalismo, el marxismo, etc. En todos los casos conviene siempre manifestar tales adhesiones; en particular, cuando de corrientes ideológicas se trate, será útil delimitar concretamente lo que se acepte de cada una, puesto que las mismas pueden entenderse de diversas maneras, dado que son frecuentes –dentro de cada una– escuelas divergentes de pensamiento.

En otras ocasiones, cuando se trata de una investigación donde el marco referencial se reduce, en realidad, a algunas pocas proposiciones, éstas pueden insertarse al comienzo del trabajo sin merecer una aclaración mayor.

En cambio cuando se trata de una omisión del autor, se está reflejando una actitud poco analítica frente a los hechos en estudio, introduciendo un elemento de confusión precisamente allí donde nuestra claridad debería ser mayor. De ser así, es muy probable que la estructura total del trabajo se resienta, perdiendo coherencia y rigurosidad.

2. El problema de la causalidad

Tal vez la mayor preocupación de todo científico esté relacionada con la indagación de las causas que originan los fenómenos. El investigador desea responderse a preguntas tales como ¿por qué algunos árboles crecen en climas húmedos y otros en zonas secas?, ¿por qué existe la burocracia?, ¿por qué las radiaciones atómicas producen problemas genéticos? Encontrar las causas, las razones que producen determinados hechos o regularidades entre los hechos, es encontrar una explicación para los mismos, incluirlos dentro de leyes generales que regulan su comportamiento y de ese modo los hacen inteligibles.

Si encontráramos que un cierto fenómeno F se produce siempre que estamos en presencia de la condición C, y que si ésta no se halla presente nunca ocurre F, estaríamos en condiciones de afirmar que C es la causa de F, y que F es el efecto de C. Este es el tipo de relación más estricto que puede vincular ambos términos y recibe el nombre de relación causal o relación de causa-efecto.

Este tipo de relación se presenta en las ciencias naturales (frecuentemente, con menos claridad de lo que se supone) pero raramente en las ciencias humanas o sociales. Siempre que un trozo de hierro (a presión atmosférica) alcanza los 1.535º C, se funde y siempre que se funde es porque ha alcanzado dicha temperatura.

En el área de las ciencias humanas tenemos que, en primer lugar, los fenómenos ocurren en un marco muy complejo de variables interrelacionadas de tal modo que al acontecer el fenómeno en estudio, no sólo percibimos la presencia de una, dos o tres variables, sino de una multiplicidad de ellas, que a su vez se modifican e influencian entre sí.

Muchas veces se alude al carácter histórico, irrepetible, de todos los acontecimientos humanos, pretendiendo que por esta razón sea imposible abstraer a partir de ellos leyes generales. Como lo expresa Mario Bunge con mucha claridad, este es un argumento poco sólido pues, en esencia, los hechos físicos son también irrepetibles. Si fundimos una barra de hierro ese hecho, en sí mismo, es también único pues podemos volver a hacer esa misma operación con otro trozo de metal o con el mismo trozo después de un tiempo, pero se tratará, como es fácil apreciar, de hechos muy similares, casi idénticos, pero nunca del “mismo” hecho.

Los que sucede es algo muy diferente; ocurre que, en cada operación en que se repite el experimento, el investigador puede controlar con relativa precisión el comportamiento de las muchas otras variables que podrían intervenir: controla la presión, la composición química del material a fundir, la composición de la atmósfera, el tamaño del objeto, etc. Este tipo de control que consiste en aislar el fenómeno de la influencia de los muchos factores que no nos interesan como posibles causas es lo que es prácticamente imposible de realizar en todo el campo de lo social, precisamente porque todo hecho en el que intervienen seres humanos es de una inmensa complejidad en comparación con los del mundo puramente físico.

Si postuláramos que las crisis económicas se producen cada vez que la oferta de bienes y servicios excede a la demanda en una cierta proporción (para el caso de una economía capitalista), encontraríamos que esta relación no puede adoptar la forma cerrada de un modelo causal. Si bien es cierto que ambas variables están estrechamente ligadas dentro de una economía de libre cambio, no podemos negar que existen muchas otras influencias y circunstancias que inciden decisivamente sobre él. Así, el tipo de regulación o control que pueda ejercer el Estado sobre la economía, la magnitud de la tasa de inversión, el tipo de tecnología empleado, factores psico-sociales, políticos, etc., intervienen en forma bastante directa para que se desencadene o no una de esas crisis clásicas. Son variables capaces de estimular, reducir, desencadenar o impedir dicho fenómeno, según su peso relativo. La comparación de algunas crisis históricamente producidas no permite comprender la amplitud de todas estas posibilidades: no son muy semejantes los procesos y las circunstancias que rodean a la crisis mundial de 1929, la de Inglaterra en 1830, Rusia en 1905 o Alemania en 1923.

Como las explicaciones de tipo causal resultan inadecuadas, por su rigidez, para los fenómenos sociales, es que los científicos dedicados a estas disciplinas se han preocupado especialmente por el problema epistemológico que consiste en suplantar un modelo de causalidad mecánico por otro que rescate la especificidad de lo social.

En este sentido son varias las posiciones que existen. Desde la aceptación de modelos estadísticos, propiciada ya por Emilio Durkheim desde el siglo pasado, hasta las proposiciones del marxismo son evidentes los intentos por flexibilizar la noción de causalidad. Debemos destacar también aquí que las ciencias físicas han abandonado ya, en gran medida si no totalmente, los modelos mecánicos de explicación, a partir del comienzo de este siglo y gracias a la obra de Einstein, Max Planck y Heisenberg. En todo caso es preciso tener en cuenta que la noción estrecha de “causa” ha sido suplantada con ventaja por el concepto más abierto de “determinación”. Decir que A determina a B significa tan sólo expresar que ejerce una influencia, que es capaz de modificar o alterar el comportamiento de B. No diríamos así que A es causa de B, –por cuanto B puede estar determinado además por muchos otros elementos– sino que A lo determina en alguna medida. Decir que el subdesarrollo es la causa de los cinturones de miseria que se han formado alrededor de muchas ciudades latinoamericanas resulta, a nuestro juicio, una aseveración excesivamente terminante y, de algún modo, imprecisa, dado que “subdesarrollo” es una categoría demasiado amplia y elástica. Proponer, en cambio, que dichas áreas “marginales” tienen cierta correlación con una determinada forma de industrialización, con migraciones interiores y con problemas de formación de capital –por ejemplo– nos parece introducir un enfoque más rico y matizado del problema. En el primer caso tenemos una aparente precisión que sólo esconde una formulación en esencia vacía; en el segundo, pese a la posible ambigüedad, tenemos una propuesta más atinada y a partir de la cual será posible llegar a un afinamiento teórico que nos otorgue la precisión deseada.

Para orientar al lector en este complejo terreno es que veremos seguidamente una clasificación de los distintos tipos de condicionamiento, que, desde el punto de vista estrictamente lógico, es posible hacer.

3. Tipos de determinación

Para estudiar la forma en que diversos elementos pueden determinarse entre sí convendrá, en primer lugar, analizar los diferentes tipos de condicionamiento que pueden existir entre un hecho y otro hecho. Estos tipos de condicionamiento pueden adoptar diversas formas, de las cuales presentamos los cuatro más importantes.

a) Condiciones necesarias: son aquellas sin las cuales es imposible que ocurra un determinado fenómeno. Es imprescindible, necesario, que estén presentes para que se produzca el hecho, aunque esto no quiere decir que cada vez que se encuentren el mismo deba ocurrir. Ejemplo, para que en un país pueda realizarse una huelga general de trabajadores es condición necesaria que éstos, previamente, hayan alcanzado un cierto grado mínimo de organización. Por supuesto no siempre sucede que habiendo trabajadores organizados éstos provoquen una huelga general, es más, lo normal es que eso no ocurra; pero para que suceda es necesario que exista la condición mencionada. También es una condición necesaria, para que en la sociedad aparezca una clase ociosa, que el producto del trabajo arroje un cierto excedente, más allá del límite mínimo de subsistencia.

b) Condiciones suficientes: se refieren a circunstancias que, siempre que aparecen, desencadenan el suceso en estudio, aunque no es necesario que ellas estén presentes para producirlo, pues otras condiciones diferentes podrían por su parte ocasionarlo, es condición suficiente, para producir la muerte, que se paralice durante un cierto período el funcionamiento del corazón, pero el deceso de una persona puede producirse por muchas otras razones diferentes.

c) Condiciones contribuyentes: son aquellas que favorecen de una manera decisiva el suceso investigado, y que generalmente suelen producirlo, aunque no alcancen un determinismo que pueda considerarse como un factor fuertemente contribuyente; sin embargo, no es necesario, pues pueden producirse revoluciones como la inglesa del siglo XVII en que esta condición no se encontraba; por otra parte, tampoco podemos afirmar que es suficiente, pues en la India actual está presente, sin que se haya producido el fenómeno revolucionario.

Es conveniente aclarar que las condiciones contribuyentes suelen tener una variada incidencia sobre el objeto condicionado, pudiendo contribuir en mayor o menor medida a que éste se produzca. El investigador deberá, pues, no sólo determinar el tipo de condicionamiento que enlaza a los fenómenos sino que, en este caso, tendrá que prestar atención a la fuerza con que se presenta.

d) Condiciones contingentes: son circunstancias que, favoreciendo la ocurrencia del hecho estudiado, se refieren más bien a contingencias, eventualidades particulares, que en algunos casos pueden determinarlo, aunque en otros casos puedan no presentarse en absoluto. El embargo petrolero decretado por los países árabes en 1973 fue una contingencia que favoreció notablemente el aumento de precios de ese producto, pero es preciso recordar que ese aumento ya podía preverse por otras múltiples razones, y que se hubiera efectuado de todos modos, aun cuando no mediara el embargo árabe. La contingencia señalada, en este caso, es una circunstancia que opera en el marco de otros muchos hechos, y que les da una forma definida en un momento dado.

Solamente en aquellos casos en que se pueda sostener que una condición es a la vez necesaria y suficiente para que ocurra algo, es que podemos decir que estamos en presencia de la causa del hecho. Como manifestábamos más arriba, C es causa de F cuando siempre que se presenta C aparece F, y cada vez que ocurre F, es que C está presente.

4. Un recurso analítico: las variables

Una vez que alcanzamos un conocimiento relativamente amplio del tema a investigar, de sus antecedentes, aspectos principales y enfoques más usuales, debemos abocarnos a aislar, dentro del problema, los factores más importantes que existen en él. Para ello habremos de delimitar los principales campos y los subproblemas diferenciales que se plantean, ordenándolos lógicamente y relacionándolos de acuerdo a su propia naturaleza. De allí surgirán las características y factores básicos que forman parte del problema y a través de los cuales podemos explorarlo, describirlo o explicarlo.

Por ejemplo, si se trata de un problema de comercialización, los aspectos fundamentales que deberemos estudiar serán la oferta, la demanda, el tipo de productores de similar significación; si se trata de un trabajo de tipo etnológico, nos interesará diferenciar las formas de tecnología empleada, la organización del trabajo, el tipo de estructura familiar, los ritos, ceremonias, formas religiosas, etc.

Estos factores encontrados deben ser posteriormente elaborados y estudiados, hasta que podamos llegar a formularlos en forma de cualidades o características que se entrelazan en el fenómeno a investigar, y que son la expresión concreta del marco teórico dentro del cual se lo estudia.

Cuando es posible, llegado a este punto, encontrar que nuestro marco teórico puede ser esquematizado como un conjunto de elementos interdependientes a los cuales es posible medir (de alguna forma), convendrá apelar a la noción de “variable” para organizar nuestros conceptos. No todos los problemas podrán ser enfocados de esta manera, y tampoco es lícito afirmar que en toda investigación sea conveniente el uso de tales instrumentos lógicos de análisis. Pero, en aquellos casos en que sea posible llegar a un grado tal de aislamiento de los factores involucrados en el problema, resulta indudable que un esquema de variables nos permitirá desarrollar mejor nuestro marco teórico, haciéndolo ganar en precisión y en claridad.

Por “variable” entendemos a cualquier característica o cualidad de la realidad que es susceptible de asumir diferentes valores; es decir que puede variar, aunque para un objeto determinado que se considere pueda tener un valor fijo. Cuando nos referimos a una característica estamos hablando de una cualidad, cualquiera que ella sea, que pueden tener los objetos en estudio, pero nunca a esos mismos objetos. Una mesa no puede ser, en sí, una variable, pero si nos referimos a la altura de una mesa puede tener una altura de 0,40 m, de 0,80 m o de cualquier otro valor. O sea que esa cualidad de la mesa (la altura), puede asumir diferentes valores: es por lo tanto una variable. No quiere decir eso que la altura de una determinada mesa X deba variar, sino que el concepto genérico de “altura de una mesa” puede variar de un caso a otro.

Las variaciones pueden producirse también para un mismo objeto, y no sólo entre diferentes objetos considerados. Pero, en este caso, tampoco podemos expresar que es el objeto el que varía, pues esta modificación habrá de ser siempre la de alguna de sus características (incluyendo dentro de ellas a la “existencia” misma del objeto). El tiempo es siempre considerado como una variable, pues los hechos pueden producirse en un momento o en otro, dentro de un continuo que va discurriendo constantemente; por ello, si los fenómenos pueden tener siempre un tiempo determinado –diferente para cada caso–, es que lo consideramos también como una variable.

La palabra “valor”, que hemos empleado hasta aquí, debe entenderse en un sentido amplio y no en el más reducido de valor o magnitud numérica. De este modo, el color de un objeto es para nosotros también un cierto valor, si consideramos la variable “color del objeto”. Si decimos, por ejemplo, “color de una fruta”, en un trabajo taxonómico sobre botánica, esta cualidad –el color– puede evidentemente variar de un objeto a otro ya que puede haber frutas amarillas, verdes, rojas, etc. Estos diferentes colores serán, en este caso, los distintos valores que puede asumir la variable de referencia. Suele llamarse a esta variables, sobre las cuales no puede construirse una serie numérica definida, variables “cualitativas”, para distinguirlas de aquéllas que sí admiten una escala numérica de medición y que se llaman, por lo tanto, “cuantitativas”.

Todos los valores que pueden llegar a tener una variable pueden entenderse como una serie, que podemos concebir como una sucesión más o menos ordenada de posibilidades. Tales series son de dos tipos básicos:

a) Continuas: cuando entre uno y otro valor existen infinitas posibilidades intermedias. Ejemplo, la altura de una persona, el peso de un objeto, el rendimiento de un estudiante, etc.

b) Discretas: cuando dichas posiciones intermedias carecen de sentido pues la variable se modifica a saltos entre un valor y otro, y no en forma paulatina. Ejemplo, la cantidad de hijos que posee una persona, el número de países que intervienen en una asamblea internacional, etc. En estos casos podemos hablar de un cierto valor 5, 6, 7, o cualquier otra magnitud entera, pero es absurdo referirse a 2,3 países o 1,8 hijos. Debemos advertir, sin embargo, que sí tiene sentido y se emplea usualmente efectuar promedios sobre estas cantidades, de modo que pueda decirse que para un cierto grupo social el promedio de hijos por familia es de 3,4 por ejemplo, pese a lo cual la variable no deja de ser discreta.

Un caso particular de una serie discreta lo constituye aquel en que la misma posee solamente dos posibilidades. Ejemplo de ello serían categorías como “muerto-vivo” o “países con o sin salida al mar”, donde no cabe otra opción que las dos mencionadas. En tal caso la variable se denomina “dicotómica”.

Una variable puede ser continua y sin embargo, de acuerdo a nuestras posibilidades concretas de medición, medirse sobre una escala discreta. Esto no le cambia su carácter, puesto que refleja más bien nuestra incapacidad para efectuar una discriminación más exacta de los valores, o refleja, en otros casos, que el investigador no cree apropiado hacer un esfuerzo suplementario para obtener informaciones más precisas.

5. Variables y dimensiones

Sucede que en la práctica muchas de las características que nos interesa estudiar no son tan simples como las de algunos ejemplos anteriores. Resulta muy sencillo medir y comprar la variable “cantidad de hijos que posee una persona”, pero nos enfrentamos a una dificultad mayor si pretendemos conocer el “rendimiento” de un estudiante o el grado de patriarcalismo que presenta una sociedad.

Cuando no hallamos frente a variables de este tipo, que son complejas de por sí ya que resumen o integran una multiplicidad de aspectos diversos, debemos recurrir a subdividir o descomponer a la variable en cualidades más simples y por lo tanto más fáciles de medir. A estas subcualidades que en conjunto integran la variable las llamamos “dimensiones” de la misma.

Por dimensión entendemos a un componente significativo de una variable que posee relativa autonomía. Nos referimos a componentes porque estamos considerando ya a la variable como un agregado complejo de elementos que nos dan un producto único, sintético. Así, en nuestro ejemplo, el patriarcalismo de una sociedad puede considerarse como una síntesis de un cierto tipo de organización familiar, determinados valores de conducta individual y pautas definidas de organización económica. Para dar un ejemplo más simple, tomado del campo de las ciencias naturales, podemos afirmar que el tamaño de un objeto, digamos una mesa, no es solamente su altura, largo o ancho, sino una resultante de estas tres dimensiones que, en total, nos determinan su tamaño.

Cuando en la definición anterior hablábamos de relativa autonomía lo hacíamos para destacar que las dimensiones pueden presentar diferentes valores unas respecto a otras, pero siempre dentro de ciertos límites de congruencia. Si el largo de un objeto se modificara al variar su altura no estaríamos en presencia de dos dimensiones de una misma variable sino frente a dos variables diferenciadas, una de las cuales estaría influyendo sobre la otra. En cambio, al tratarse de conceptos independientes entre sí los consideramos como elementos autónomos que permiten integrar una variable. Naturalmente la independencia que puede haber entre dimensiones no es absoluta ni total, puesto que hay un mínimo y un máximo dentro de los cuales pueden variar los valores de las dimensiones sin llegar a producir una situación incoherente y a que, por otra parte, siempre van a tener entre sí algún tipo de relación, pues integran una totalidad mayor. Por esta razón especificamos que se trata de una relativa autonomía, y no simplemente de autonomía.

Una misma cualidad puede considerarse como una variable o como una dimensión de una variable mayor, según el enfoque y propósitos que guíen cada investigación. Si, por ejemplo, nos interesa conocer y distinguir a las personas de acuerdo a su nivel socio-económico, esta variable tendrá, a su vez, dos dimensiones distinguibles: el nivel social, y el nivel económico. Pero si estamos estudiando el ingreso de las familias debemos manejar el mismo concepto de “nivel económico” como una variable en sí y no como una simple dimensión, y aun podemos vernos en la necesidad de descomponer esta variable en algunas dimensiones que la integren.

En general podemos afirmar que una cualidad interviene como variable en una investigación cuando nos es útil relacionarla como un todo con otra u otras variables; en cambio, debemos tomarla sólo como una dimensión cuando su sentido como cualidad aislada sea poco significante y deba agruparse con otras cualidades para poder ser relacionada. Dentro de cada trabajo cada cualidad deberá asumir un papel fijo de variable o de dimensión, sin alterar este carácter a todo lo largo del mismo, pues de otro modo se producirán evidentes confusiones y contradicciones lógicas.

Posteriormente cada una de las variables y dimensiones que hemos aislado deben ser definidas con la mayor rigurosidad posible, asignándoles en sentido unívoco y claro –dentro de lo posible– para evitar que se originen ambigüedades, distorsiones y disputas terminológicas.

6. Relaciones entre variables

Luego de haber precisado los factores que intervienen en un problema, de haberlos definido y de haberlos analizado hasta determinar el tipo de condicionamiento que los une (según ya hemos visto), habremos obtenido un conjunto de variables relacionadas entre sí, condicionadas de una cierta manera particular. Debemos entonces organizar esta relaciones observadas, de modo tal que podamos construir un esquema coherente que nos exprese el cuadro general del problema.

Para ello partiremos del núcleo inicial de todo esquema de variables, es decir del caso elemental en que encontramos que la variable B se halla condicionada por la variable A. No nos interesa ahora especificar la forma concreta de este condicionamiento, sino expresar esa relación simple entre ambas variables. Si suponemos que la alimentación que se recibe en la infancia (variable A) afecta, o determina, o influencia, al nivel de inteligencia posterior (variable B), podemos expresar esta relación diciendo que las variaciones de B dependen, en cierta medida por lo menos, de lo que ocurra con la variable A. Llamaremos entonces a la variable A variable “independiente” y a la variable B, “dependiente”, pues sus valores dependen de A.

Esta relación simple puede graficarse como sigue, para exponer sintéticamente lo ya dicho:

La variable A es llamada independiente, pues dentro de la relación establecida no depende de ninguna otra, aunque pudiera resultar dependiente si estudiáramos otra relación. Por ejemplo, la variable “nivel socio-económico” tiene una relación evidente con la calidad de la alimentación que se recibe. Si llamamos C a esta nueva variable obtendremos el siguiente esquema:

donde ahora A juega el papel de variable dependiente y C asume el papel de independiente. Es perfectamente posible agrupar las dos relaciones planteadas en un solo esquema, que agrupe a las tres cualidades consideradas. De esta forma tendríamos:

La variable A resulta ahora dependiente respecto a C, pero independiente respecto a B. La designaremos entonces con el nombre de “interviniente”, pues es un factor que interviene entre C y A, modificando o alterando con su propio contenido las relaciones que pudieran existir entre esos dos aspectos.

Además de estas tres posiciones básicas que las variables pueden adoptar al relacionarse existe una cuarta posibilidad, que se refiere a las características del universo que ejercen una influencia de tipo difuso y general sobre todo el conjunto de los hechos investigados. Designaremos a este tipo de variables con el nombre de “contextuales”, porque nos indican precisamente el medio, el ámbito general donde se desarrollan los fenómenos que se estudian. Los valores presentes en una sociedad, el tipo de estructura económica y conceptos que tienen, en general, este nivel, son las más de las veces considerados como variables contextuales.

Los esquemas de variables que acabamos de mostrar son los más simples que cabe concebir, constituyen por así decir la “célula básica” con que luego se estructuran sistemas más complejos. Es normal que una variable no sólo afecte a otra más sino a varias simultáneamente, así como que una variable dependiente sea influida por dos, tres o más variables independientes. Este tipo de entrelazamiento corresponde mucho más a los temas de la realidad social, donde no es raro poder distinguir 10 ó 20 variables jugando en un cierto problema. Un esquema como el siguiente puede ilustrar una relación típica:

7. Concepto de hipótesis

Cuando afirmamos que existe una cierta relación entre dos variables estamos suponiendo que una cierta característica de la realidad afecta o determina o influye sobre otra. Si enunciáramos esta relación de un modo explícito estaríamos afirmando que, supuestamente, existe una determinación entre aspectos de la realidad y, de un modo más general, podríamos decir que hemos hecho una proposición que describe o explicita algún campo de fenómenos en estudio. A este tipo de proposiciones se las denomina “hipótesis”, ya que son enunciados que pueden o no ser confirmados por los hechos, pero a partir de los cuales se organiza la tarea de investigación. Poder llegar a comprobar o rechazar la hipótesis que se ha elaborado previamente, confrontando su enunciado teórico con los hechos empíricos, es el objetivo de todo estudio que pretenda explicar algún campo de la realidad.

“La hipótesis es la técnica mental más importante del investigador y su función principal es sugerir nuevos experimentos o nuevas observaciones”, apunta con razón W. Beveridge, y añade, para resaltar el valor de esta herramienta metodológica, que una hipótesis puede ser muy fértil sin ser correcta, ya que su capacidad para sugerir diferentes pruebas y análisis de la realidad suele resultar de mucha utilidad para detectar nuevos fenómenos hasta entonces pasados por alto. Lo importante es la actividad que se realiza al confrontar hipótesis con fenómenos empíricos, pues en ella radica una de las notas más importantes de todo el sistema científico.

Para que una hipótesis cumpla con su cometido esencial debe reunir una serie de características primordiales, entre las que pueden destacarse:

- Clara conceptualización, que permita identificar sin lugar a dudas cada uno de los términos que involucra y que destierre, hasta donde sea posible, toda vaguedad en el enunciado.

- Referentes empíricos, que posibiliten encontrar hechos concretos sobre los cuales se podrá luego corroborarla o refutarla.

- Especificación clara respecto a las condiciones en que puede someterse a prueba.

- Relaciones precisas con los conceptos que usualmente se emplean en el campo de conocimiento sobre el que versa.

Por otra parte debemos apuntar que las hipótesis pueden pertenecer a diferentes órdenes o niveles, es decir que abarquen problemas mas o menos generales o específicos. “Las hipótesis de nivel superior son aquellas que sólo figuran como conclusiones del sistema; las de los niveles intermedios son las que aparecen como conclusiones de deducciones de nivel elevado y sirven de premisas para las deducciones de hipótesis de bajo nivel”, constituyéndose un todo articulado que abarca desde las proposiciones de mayor generalidad hasta las mas particulares.

Las hipótesis, naturalmente, serán diferentes según el tipo de investigación que se esté realizando.

En los estudios exploratorios, a veces, el objetivo de la investigación será simplemente el de obtenerlos mínimos conocimientos que permitan formular una hipótesis. O pueden llegar a ser poco precisas, en estos casos, como cuando afirmamos que “existe algún tipo de problema social en tal grupo”, o que los planetas poseen algunas características, sin decir cuáles son éstas.

Los trabajos de índole descriptiva generalmente presentan hipótesis del tipo “todos los X poseen, en alguna medida, la característica Y”. Por ejemplo, podemos decir que todas las naciones poseen algún comercio internacional, y dedicarnos a describir, cuantificando, estos hechos. También, y ya con un grado mas alto de complejidad, podemos hacer afirmaciones del tipo “X pertenece al tipo Y”, lo cual se ejemplificaría si asignáramos a una cierta región determinados patrones de poblamiento urbano, o estructuras socio-económicas, etcétera. En estos casos describimos clasificando el objeto de nuestro interés, e incluyéndolo en un tipo ideal complejo de orden superior.

Por último podemos construir hipótesis del tipo “X produce (o afecta) a Y”, donde estaremos en presencia de una relación entre variables, de la forma que mostrábamos en los ejemplos del punto 6.

Finalmente debemos advertir que sólo en los casos de investigaciones explicativas, como el último mencionado, es necesario explicitar claramente cuáles son nuestras hipótesis de trabajo. En las investigaciones descriptivas y, con más razón, en las exploratorias, es posible omitir las hipótesis, ya que en muchos casos éstas son tan amplias y poco definidas que dicen muy poco a quien lee el informe de investigación.

8. Cómo formular un marco teórico

El lector deberá comprender, antes que nada, que – por la índole compleja de esta tarea- es imposible trazar una vía única para construir el marco teórico de todas las investigaciones. Existen obvias diferencias según los casos particulares que le otorgan mayor o menor importancia a esta parte del trabajo, o que la hacen más o menos dificultosa. En una investigación donde el objetivo fundamental es,(ver gráfico), determinar el grado de adaptación de una especie Z una zona más desértica que la de origen, los problemas del marco teórico pueden resolverse con bastante simplicidad y no ocupan un lugar muy preponderante en el conjunto de las operaciones de investigación. En otro caso, en cambio, estos problemas pueden ser esenciales y a ellos habrá de dedicar la mayor parte del esfuerzo intelectual y del tiempo disponible; tal sería el caso, por ejemplo, de un estudio que intentase determinar el carácter clasista de la educación. Teniendo en cuenta lo anterior es que nos limitaremos solamente a ofrecer algunas pocas orientaciones generales que pueden resultar de interés y que en parte sintetizan lo ya expuesto.

En primer lugar resulta de gran utilidad que el investigador, al comenzar a estudiar su tema, se empape de todo lo desarrollado sobre la materia por medio de una sistemática y amplia consulta bibliográfica, apelando naturalmente a bibliotecas, archivos, centros de investigación, etcétera. Esta recapitulación no habrá de ser pasiva; será conveniente que sobre lo estudiado, se formulen anotaciones esquemáticas, se comparen puntos de vista, se establezcan análisis y síntesis.

Luego de lo anterior, y ya examinado el problema desde un punto de vista general, será conveniente enfatizar la clarificación de los conceptos a emplear: elaborar definiciones –aun cuando provisionales- , delimitar significados, precisar nociones vagas o confusas, no sólo será conveniente sino en verdad imprescindible.

Contando ya con estas herramientas conceptuales convendrá determinar si los conceptos involucrados pueden o no tomarse como variables; en caso afirmativo habrá que analizarlos individualmente para encontrar sus posibles dimensiones y sus necesarias relaciones. Si no es así, igualmente, resultará útil intentar esquematizar sus relaciones de modo tal que con base en esas simplificaciones pueda alcanzarse una visión sintética a desarrollar después. Esta última tarea analítica es la que nos permitirá formular explícitamente las hipótesis del trabajo; en muchos casos las hipótesis permanecen latentes o implícitas para el investigador ya desde el comienzo mismo del proyecto.

Por último recomendamos realizar la mayor parte de esta tarea por escrito, ya sea que estos borradores y apuntes iniciales corran el destino de ser desechados como simple instrumental de una fase del trabajo, o que –convenientemente organizados y redactados– pasen a integrar el cuerpo expositivo final de la obra. En todos los casos ir escribiendo nuestras sucesivas aproximaciones al problema tiene el valor instable de otorgarnos un punto de apoyo para la crítica y la autocrítica, para la sistematización de las ideas y para evadir innecesarias confusiones.

 

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